LA VENGANZA DEL FANTASMA MILENÓN

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Título: La venganza del Fantasma Milenón
Autora: Malupa Fontana Óter


Milenón el famoso fantasma que ya todos conocéis por referencias, e incluso algunos habéis tenido la suerte de ver, se despertó de muy mal humor como casi todas las mañanas, estaba convencido de que en esta ocasión, su enfado estaba más que justificado. La noche anterior el "tío Pablo", albañil de profesión, perturbó su sueño mientras se apoderaba de unas cuantas piedras de alabastro labradas con motivos de su época. Estos relieves formaban parte del muro que todavía permanecía en pie de su devastada fortaleza y, que por otra parte era la única razón para que su espíritu milenario permaneciera apegado a la tierra, privilegio que no quería perder. 


No dejaba de refunfuñar mientras iba elaborando un plan de venganza que limpiara el audaz agravio y escarmentara de una vez por todas al intruso. Aquellas ruinas, que le pertenecían desde tiempos remotos, en el siglo XXI aún seguían siendo patrimonio de un descendiente directo, por lo tanto, nadie tenía derecho a sustraérselas. 


Como entre otros muchos dones contaba con la ventaja de mostrarse invisible (podía además, optar por dos estados más: diáfano, solo medio visible; y aparecer como cualquier otro mortal, esto último solo lo hacía en contadas ocasiones porque le suponía un esfuerzo tremendo y con más de 900 años ya no estaba para muchos trotes), se presentó en casa del usurpador y llamó a la puerta con tremendos golpes, nunca hacía uso del timbre porque le molestaba su estridente sonido, abrió la puerta el hombre de la casa que quedo muy sorprendió al no ver a nadie, miró a un lado y a otro con el mismo resultado, pensó que era alguna gamberrada por diversión la volvió a cerrar y se olvidó del incidente. Milenón aprovechó este instante para colarse en el aposento y se acomodó en un rincón para que nadie le molestara. 


La presencia del espectro pasó inadvertida para todos menos para Tuno, el perro de la vivienda, que se acercó a olisquearle y advirtió a la familia de la presencia del intruso con un par de ladridos, pero como nadie vio, ni noto nada extraño se despreocuparon por completo del aporreo de la puerta y los aullidos del can, el fantasma por su parte, sin más sobresaltos, esperó con calma para perpetrar su jugarreta, a que la familia al completo estuvieran sentada a la mesa cenando tranquilamente. 


Milenón se dijo: "es el momento de poner mi plan en marcha", le bastó un simple soplo para dejar la habitación semioscura y levantar un gran vendaval con el que todos los objetos comenzaron a volar por la habitación, flotaban unos al lado a otros, chocaban entre si e iban a estrellándose contra las paredes, los platos que contenían sopa o pasta se derramaban sobre la cabeza del padre. Todos los comensales, aterrorizados, se refugiaron debajo de la mesa, pero esta medida no fue suficiente para esquivar los proyectiles que seguían aterrizando sobre la incipiente calva del autor del delito.


Como todos en la comarca conocía las "malas pulgas" de Milenón, el dueño de la casa en seguida se percató de donde procedía aquella desbordante energía que le atacaba directamente a él y atemorizaba a su familia y trato de tranquilizarlos:

-No os preocupéis salir con cuidado que esto lo arreglo yo enseguida.


Todos, incluido Tuno, se precipitaron hacia la puerta, cuando el atemorizado raptor se quedó solo grito muy indignado:

-¿Quién eres? Y ¿qué quieres?


Milenón tardó un buen rato en responder con la intención de hacer perder la paciencia a su contrincante, y cuando lo hizo esbozó su mejor y más impresionante voz de ultratumba que retumbó en toda la casa.

-¿Recuerdas el robo de las valiosas piedras, que hiciste ayer?

-¿Está bien las devolveré ahora mismo? –Contestó sobrecogido el dueño de la casa.

-No es suficiente, -añadió Milenón.

-Pues, ¿qué más quieres? ¿A caso no me has ridiculizado bastante delante de mi familia?

-Por ellos no te preocupes, si haces lo que yo te diga mañana lo recordarán como un simple sueño.

-De acuerdo acataré tus órdenes, -añadió sumiso hombre.

-Solo quiero que las vuelvas a dejar tal y como las encontraste. –Dijo Milenón- y creo que estoy siendo demasiado generoso, mereces un escarmiento mayor.

-¡Esta bien! lo hago ahora mismo.

-No es preciso, tanta prisa, puedo esperar hasta mañana. –Replicó el fantasma y dio por finalizada la conversación con la siguiente amenaza-: Si no cumples la promesa, ni tú, ni tu familia (y lo siento por ella que nada me ha hecho), volveréis a cenar tranquilos.


A la mañana siguiente cuando de nuevo todos se reunieron para desayunar, nadie comento lo acontecido la noche anterior, el incidente se había grabado en sus mentes de forma tan extraña que ninguno acertaba a distinguir si todo había sido un sueño o realidad, y ante el temor de algún comentario jocoso, como: "miedica", "cobardica", etc. guardaron silencio. Aunque hubo dos excepciones la mascota que no dejaba de ir a olisquear el rincón donde estuvo sentado Milenón y Pablo, el papá, que se había levantado tres horas antes de lo habitual, para colocar en el muro del castillo las piedras afanadas un día antes.


FIN


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