EL LOBO BUENO

Pulsando en estas ventanitas puedes acceder a las actividades lúdicas de la web: crucigramas, sopa de letras, completar frase, cuestionarios y muchas más. Como te decimos todas son muy entretenidas y divertidas, tienes una escala de niveles para que elijas las que más se acople a tus gustos. Todas las palabras están contenidas en el texto del cuento.


 

Título: El lobo bueno
Autora: Malupa Fontana Óter

Deambulaba, asustado, exhausto y muerto de hambre, siguiendo un fuerte instinto animal que lo llevó hasta la enorme empalizada que protegía una granja cercana rebosante de vida, se puso a dar vueltas y vueltas contemplado lo más variopinto de animales herbívoros: vacas, ovejas, pollos, pavos, cerdos… unos pastaban en la pradera relajados y despreocupados, mientras otros entraban y salían de sus respectivos cobertizos, afanándose todos, sin tregua, en alimentarse lo mejor posible, al verlos se le hizo la boca agua, pero no, se había hecho el firme propósito de no matar jamás para comer.

Entre el bien orquestado bullicio de la granja: cacareo, valido, ladrido, gruñido, mugido, etc. oyó un ruido seco que le erizó los pelos y puso en alerta todos sus sentidos, miró desconfiando a ver si algún rifle apuntaba hacia él, y respiró con alivio al no descubrir nada sospechoso.

Se le acercó un corderito, que no tenía edad para temer nada, desde el otro lado de la valla le saludó juntando el hociquito al suyo alegre y retozón, y después se marcho sin dejar sus rutilantes y chispeantes saltitos.

Casi al mismo tiempo y como un ciclón apareció Ronco, un mastín bonachón, pero muy cumplidor de su deber, que no era otro, que el defender la propiedad de su dueño.

-¡Hola! ¿Qué estás haciendo aquí? –le dijo en tono poco amistoso- te advierto que si vienes a llevarte algún animal, tendrás que vértelas conmigo, lucharé con uñas y dientes para impedirlo a costa de lo que sea.

- No temas, nada más lejos de mi intención. ¿Acaso no ves en el estado que me encuentro? ¿Cómo se trasparentan mis huesos? –Respondió el pobre lobo.
-Mejor así, -dijo Ronco aliviado- tampoco yo tengo ganas de enzarzarme en una pelea, alguno saldría herido o quizás los dos.
-Me niego a matar a otros seres vivos para alimentarme, viene a ser lo que los hombres llaman hacerse vegetariano -continúo el lobo- he probado a comer hierbas como todos esos animales de la granja, pero mi estómago no esta preparado para esa dieta y rechaza el alimento. Me cuesta creer que los humanos persigan a mis congéneres y les llaman alimañas y cosas aún más feas, por hacer lo mismo que ellos: alimentarse de carne.

Continuaron hablando durante algún tiempo más, hasta que oyeron ruidos de personas en la casa.

-Es hora de que te vayas -dijo Ronco totalmente calmado, después de la distendida chala- si continuas aquí puede que tengas problemas.
-Estoy de acuerdo – respondió la generosa fiera, satisfecho y agradecido, por haber podido compartir sus penas con alguien.

Se fue a un vertedero próximo en busca de algo que llevarse a la boca, pero en vez de encontrar comida, pasó a ser pasto de otros animales diminutos, pero muy numerosos y voraces, como enormes ratas que al ver su debilidad se lanzaron a morderle sin piedad, esquivó los ataques hasta agotar sus últimas fuerzas y después se desplomó en el suelo entre lastimeros aullidos de dolor, aunque, consciente y resignado a terminar su estancia en este ingrato mundo.

Fue entonces cuando apareció Venus, su salvadora, una preciosa mastina hija de Ronco que había corrido en su auxilio al oír los angustiosos lamentos que resonaban por todo el valle, le ayudó a ponerse en pie y a llegar cerca de la granja, saco todo su almuerzo y le obligó a tomarlo, con el estómago lleno su recuperación fue casi instantánea, lo que dio pie a una animada charla mezcla de agradecimiento y admiración por parte del lobito.

-Yo soy Venus y tú ¿cómo te llamas?
-No se, nadie nunca me puso un nombre.
-¿Te gustaría que te lo pusiera yo?
-Me encantaría, el tuyo Venus, es precioso.
-¿Qué te parece el nombre de Zar?, eres muy esbelto y hermoso, solo tienes que engordar un poco.
-Me gusta, sobre todo y especialmente si lo pronuncias tú, claro que nunca se lo he oído decir a nadie más.

A partir de entonces se estableció una conexión especial entre ambos animalitos que duraría el resto de sus vidas; repartían, como buenos amigos que eran el alimento de Venus, hasta que Zar fue acogido en la casa por los hijos del dueño de la propiedad después de haber compartido, sin ningún temor por parte de nadie, muchas horas de juegos y paseos.


FIN

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