ZEUS EL ABUELETE-2


ZEUS CACHORRO - VISITA AL VETERINRIO

Pulsando en estas ventanitas puedes acceder a las actividades lúdicas de la web: crucigramas, sopa de letras, completar frase, cuestionarios y muchas más. Como te decimos todas son muy entretenidas y divertidas, tienes una escala de niveles para que elijas las que más se acople a tus gustos. Todas las palabras están contenidas en el texto del cuento.

¡Por fin en casita! Después de comer y beber hasta hartarse, se quedó dormitando a la vez que hacía un repaso mental de los acontecimientos de la jornada.


La mañana comenzó con grandes y apasionantes sorpresas, igual que los tres últimos días. Fue objeto de muchos arrumacos que le encantaban, pero a los que aún no se había acostumbrado, le sacaron a la calle, iba loco de contento y no dejaba de demostrárselo a todo aquel que a su paso le acariciaba o piropeaba, (aunque feúcho era muy graciosillo).


Tras un corto paseo por los alrededores del parque del barrio, donde su dueña de manera insistente le instaba para que hiciera pipí, algo, a lo que por aquel entonces le era imposible acceder en público, entraron en un aposento repleto de animalitos, algunos de ellos, le eran totalmente desconocidos, como un loro parlanchín, que no dejaba de repetir palabras malsonantes, para deleite de algunos humanos y escándalo de otros. En toda la variada fauna, hasta en el papagayo charlatán, podía percibirse el miedo, todos permanecían muy quietecitos, agazapados cerca de sus amos, hasta que de otra estancia salía una simpática muchacha, vestida de blanco inmaculado y los iba pasando de uno en uno, a la salida se les notaba mucho más relajados.


A él, Zeus, que ignoraba lo que sucedía dentro, la situación le divertía hasta tal punto, de no dejar de juguetear ni un solo instante, con todo aquello que tenía a su alcance, incluso, la pata del banco donde se sentaba las personas, fue objeto de sus travesuras.

Cuando llegó su turno y atravesó la misteriosa puerta se quedo estupefacto, todo lo que allí había, incluido el olor le era totalmente desconocido, extraños e intrigantes instrumentos se agolpaban por doquier, había también un enorme humano, vestido con una bata de mujer, no tan pulcra como la de la amable enfermera, le agarro sin ninguna delicadeza manoseándole cuando quiso de forma un tanto brusca y no conforme con eso, de entre sus artilugios cogió uno, le aplicó una delgadísima aguja y se la clavó varias veces. Todo ello con el consentimiento de su dueña, que incluso parecía divertirse con la situación.


Aquella experiencia, que tan terrible le pareció no era otra cosa, más que una revisión veterinaria y las primeras vacunas como prevención de enfermedades, privilegio del que no todos los perritos gozaban, también los pequeños humanos, que eran mucho más delicaduchos, tenían que pasar obligatoriamente por esa práctica, que a él nunca dejó de parecerle un suplicio. En realidad, jamás comprendió, el por qué, de aquel miedo tan irracional al pequeño pinchazo, si apenas se notaba.


Durante los primeros meses de su vida, las visitas al veterinario fueron bastante frecuentes, después, quedarían espaciadas a una vez por año aproximadamente.


Traer a la memoria aquel episodio también le había cansado, dormiría hasta el día siguiente y después continuaría con sus recuerdos, ¡eran tantos!: travesuras, correrías por el parque, amigos, etc. Con que claridad podía ver desde la perspectiva de su vejez, lo dichoso que fue durante su época de cachorro.


FIN

Fin del segundo capítulo de la apasionante hitoria de Zeus el abuelete, siguiente: historia de Perla


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