ZEUS EL ABUELETE-3


CAPÍTULO 3º. - "LA TRISTE HISTORIA DE PERLA"

Pulsando en estas ventanitas puedes acceder a las actividades lúdicas de la web: crucigramas, sopa de letras, completar frase, cuestionarios y muchas más. Como te decimos todas son muy entretenidas y divertidas, tienes una escala de niveles para que elijas las que más se acople a tus gustos. Todas las palabras están contenidas en el texto del cuento.

Amaneció una mañana gris, Zeus se sentó en el porche entregado a la meditación, tal y como venía haciendo, desde que el paso del tiempo se encargara de quitarle las ganas de juguetear. Su estado anímico, ese día, (influido quizás por el carácter velado del cielo), le jugó una mala pasada trayendo a su memoria los episodios más tristes y dolorosos de su longeva vida.


Vino a sacarle de su abstracción Flash, un jovial y vigoroso perrito del barrio que casualmente pasaba por allí, al instante se percató del abatimiento de su amigo y se propuso reconfortarle.
-¡Hola Zeus!
-¡Buenos días Flash!
-Te veo muy abatido -dijo Flash.
-Si, si que lo estoy -respondió Zeus- este día tan mustio me ha traído a la memoria recueros muy dolorosos, recuerdos de amigos que a lo largo del tiempo, uno tras otros, han ido desapareciendo por diversos motivos.

-¿Por qué no me los cuentas? -continuó Flash- me encantaría oírlos. Hoy dispongo de mucho tiempo, mis dueños se han marchado a la ciudad y he podido escapar por un resquicio de la puerta y sin dejar de suplicar se sentó a su lado y se dispuso a escuchar eufórico, le entusiasmaban las historias del vejete y aquella prometía ser interesante.
-Está bien -consintió Zeus- son muchas las sucesos penosos que conozco sobre animalitos pero voy a comenzar con el de Perlita por ser el más reciente, quizás, el más tremendamente cruel y posiblemente el que más huella haya dejado entre todos los que la queríamos, a pesar de sus escasos siete meses de existencia.
-¡Ya ves! -siguió diciendo- ni siquiera llego a cumplir un año. Se que la volveré a encontrar en un lugar mejor para ella (yo no me puedo quejar de mi suerte), porque en el mismo instante de abandonar definitivamente este mundo, se presentó ante mi ventana en forma de mariposa blanca y aleteando alegremente sus deslumbrantes alas me decía: ¡Por fin me veo libre de los infortunios de esta vida! Y entre grandes lagrimones, que por más que lo intentaba no podía disimular y estrepitosos suspiros comenzó así su relato:


"Perlita era preciosa, diminuta y frágil e igual que yo mestiza, aunque eso sí, mucho más guapa. Sus dos primeros meses de vida fueron muy plácidos y dichosos, cobijada y protegida junto a todos sus hermanos entre los cálidos y amorosos brazos de su mamá, pero inesperadamente, un buen día, mientras todos jugaban felices y despreocupados, ajenos a la inminente tragedia, bajo la atenta y cariñosa mirada de Tula, su madre, el brutal y solitario dueño de la casa, falto de todo escrúpulo, decidió deshacerse de toda la camada y sin compasión se los arrebató a la ¡pobre Tula!, mientras la encerraba bajo llave en el cobertizo de la ovejas, entre desesperados aullidos de dolor que podían oírse en muchos kilómetros a la redonda, con los cachorros se fue muy lejos, al borde de un precipicio y desde allí los lanzó con toda su fuerza al fondo del barranco....


Zeus hizo un alto para enjugarse las lágrimas con su larga lengua.
-Siento mucho tener que contar relatos tan tristes, -dijo a Flash- pero es preciso conocer ciertas cosas para estar prevenidos contra algunos humanos.

También a flash comenzaron a humedecérsele los ojos.
-¡Qué historia tan amarga! -continúa por favor-, no puedo esperar hasta mañana, aunque desgraciadamente conozco el desenlace.

....Perlita cayó en unas hierbas que amortiguaron el golpe mortal, y con gran dificultad y después de varias jornadas pudo salir del barranco arrastrando su dolorido y magullado cuerpo; su inteligencia natural y prodigioso sentido de la orientación le llevaron hasta donde estaba su mamá, que era también el domicilio del verdugo, esté, a pesar de su falta de escrúpulos, conmovido con la proeza de la perrita, no tuvo valor para intentar liquidarla de nuevo y se la fue ofreciendo a todos sus conocidos hasta dar con un complaciente padre, de una consentida y caprichosa niña, que al instante se quedó prendada de la graciosa y encantadora Perla.


El condescendiente padre, motivado por un lado por complacer a su consentida y caprichosa hija y por otro, por salvar la vida del animalito, consintió en que la pequeña adoptara la perrita, y se la llevaron a una pequeña vivienda en la ciudad donde fue recibida con gran regocijo y alboroto y tratada como un miembro especial de la familia.


En su nueva hogar Perlita muy pronto olvidó y superó su traumático accidente recuperando su natural alegría y ganas de jugar, algo que no dejaba de hacer a no ser que se encontrara durmiendo y por segunda vez en sus cuatro meses de vida (por aquel entonces), era una perrita sumamente feliz. Pero esta dicha también fue efímera, como si de un juguete se tratara, en seguida se cansaron de ella, sin tener en cuenta que no era un objeto inanimado, que ella era un ser vivo dotado de grandes sentimientos y del bullicioso piso de la ciudad llena de niños, pasó a estar varios días sola en una enorme casa en el campo, con los peligros que ello conlleva. Allí para su desgracia y sin que nadie supiera el motivo dejo de comer, dejo también de jugar y el carácter se le agrió tanto que solamente se mostraba enérgica para gruñir a todo el que se acercaba ella, incluso a mi llegó a morderme en alguna ocasión, al intentar acariciarla y consolarla con grandes lametones, algo que antes le entusiasmaba.


El complaciente papá de la caprichosa y consentida niña, al ver que Perlita no mejoraba, tomó seriamente cartas en el asunto y la llevo a distintas y prestigiosas clínicas veterinarias, donde la detectaron una dolorosa enfermedad estomacal, rápidamente intentaron curarla, pero una vez más la mala suerte jugó a favor de Perla y un inepto veterinario le prescribió un tratamiento inadecuado y Perlita pereció sola, en el cuarto de baño del piso de la ciudad, mientras el papá de la consentida y caprichosa niña estaba trabajando y ésta, con el resto de la familia, se divertía despreocupada. Más tarde ¡claro!, y cuando ya no tenía solución, llegó el desconsolado llanto.


Después de esta triste historia donde los dos amigos terminaron llorando a "moco tendido", Flash obligó a Zeus a dar un paseo para superar el mal trago, por suerte para ellos tropezaron con Vestorrona, una preciosa y coqueta mastina que con flirteos y bromas, consiguió que los dos amigos levantaran el ánimo.

FIN

Fin del capítulo tercero de la apasionante hitoria de Zeus el abuelete, volver: Zeus el abuelete Relato sacado de un hecho real.


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