LA RATITA SABIA



CUENTO POPULAR - LA RATITA SABIA


Érase una vez una ratita, muy pequeñita, que vivía con sus papás debajo del suelo de una panadería, seguros, bien alimentados y en consecuencia muy satisfechos. Pero la ratita que era muy inquieta no se sentía feliz con aquella vida tranquila y sosegada y un buen día se plató frente a su madre y le dijo:


-¡Mamá, mamá! Estoy cansada de esta vida tan tranquila y aburrida, siempre lo mismo, con solo asomar el hociquito a la puerta de casa no nos falta ni trigo ni harina, yo quisiera conocer el mundo.

-¡Uy mundo! queridísima hijita, -contestó la mamá alarmada- nunca podrás imaginarte lo malo que es.

-Muy bien mamaíta –dijo la ratita, cada vez más convencida- pero por muy malo que sea yo quiero conocerlo, debe resultar muy divertido.

-Si, si, divertido, ¡ya verás! Aquí tenemos comida y tranquilidad todo el año y en invierno y verano clima sano.

-Mira mamá –concluyo la ratita- yo quiero vivir mi vida y que me de el  sol.


Y aquella misma noche la ratita empaqueto sus escasas pertenencias en un pañuelo y con sumo cuidado para no hacer ruido y ser descubierta abandonó su cálida madriguera.


Nada  más sentir la luz del sol, la atrevida ratita se dijo en voz alta como si alguien pudiera oírla: “esto es vida y no estar siempre encerrada, comiendo trigo”; caminaba feliz y confiada y por poco le atropella un carro tirado por un ágil caballo. “oh que susto me ha dado, casi me pasa por encima la rueda, pero tengo que ser valiente, muy valiente, este es el mundo que yo quería”, volvió a repetirse en voz alta y siguió su viaje muy contenta mientras cantaba:

Valiente has de ser
quieras o no quieras,
valiente has de ser,
aunque así te mueras.


El rabito arriba,
tiesos los bigotes,
listas las patitas,
pa emprender el trote.


Valiente has de ser,
valiente serás,
porque eres muy lista
y sabrás ganar.


Valiente has de ser,
quieras o no quieras,
valiente has de ser,
aunque así te mueras.

La canción fue interrumpida bruscamente por el paso de un carnero enorme que se desplazaba a toda velocidad y que por poco atropella a la ratita.  “caramba si me descuido con la canción casi me aplasta y que grandote es, me parece que no voy a poder ser valiente”.


La pobre ratita iba de sobresalto en sobresalto y de susto en susto y con todo lo valiente que quería ser el valor se le iba acabando por momentos, y también, se le iba abriendo un patito tan grande que comenzaba a sentir molestias en el estómago, llegó hasta la orilla de un río:

“Oh que sed y que hambre tengo –se lamentaba la ratita- esto debe de ser un río y ¡cuánta agua! tan clara y transparente“.

 

Nunca hasta entonces la ratita había visto nada igual, se precipito a beber, pero el río estaba lleno de cangrejos que en cuanto vieron asomar el hociquito sonrosado de la ratita se lanzaron a hincarle sus pinzas, uno de ellos se le quedó enganchado, la ratita comenzó a gritar como una loca:

“¡Ay, ayy, ayyy!, que dolor tan horrible, pero ¿qué es esto? que se me ha agarrado al hociquito, ¡ay, ayy, ayyy, que desgraciadita soy! ¡ay, ayy, ayyy!....

Y tales fueron los movimientos de la ratita, que por fin, consiguió liberarse del cangrejo.

“¡Uy, menos mal! ¡Qué miedo  he pasado!, me parece que esta vida no es para mí, no puedo comer, no puedo beber y no hay seguridad en ningún sitio, si pudiera volver a mi casita, tan calentita y al lado de mi mamaíta, que me quiere tanto“.


Cuando la ratita se encontraba en el colmo de la desesperación alguien se apareció ante ella inesperadamente:

-¿Qué te pasa ratita? ¿Por qué estás tan triste?

-Porque yo quería ver el mundo y yo creía que lo sabía todo y era muy valiente y ahora…

-Ahora estas asustadas y solo deseas volver, ¿no es así?

-Sí, sí, así es; yo solo quiero ir a mi casita con mi mamaíta que me quiere mucho. ¿Tú podrás hacerlo, porque tú eres un hada ¿verdad?

-Sí, soy el hada de los niños desobedientes y de las ratitas que se escapan de sus casas y dan grandes disgustos a sus papás, lo hare encantada si me prometes que serás obediente siempre….

-Sí, seré de lo más obediente, -se apresuró a interrumpir la ratita- jamás contestaré a mis papás.

-Recuerda la promesa y no la olvides nunca –le advirtió por última vez el hada.


La hechicera tocó a la ratita con su barita mágica y pronunció las siguientes palabras: “Junto a su mamá la ratita sabia veloz como un rayo tiene que llegar”.


Y sin saber cómo y con gran asombro, la ratita se encontró de nuevo en su casita:

-¡Mamá, mamaíta! que ganas tenía de estar contigo.

-¡Hija mía! –dijo la madre llena de gozo y abrazando a su hijita- ¿ya te has cansado de aventuras?

-Si mamá –respondió la ratita- ya no quiero más aventuras, con lo agusto que se está en casa y a tu lado.


Y así es como la ratita sabia volvió a su casa, harta de aventuras y con el firme propósito de no emprender ninguna más.


FIN

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